La final de la Copa del Rey de la temporada 2015-2016 estuvo marcada por el veto de la Delegación del Gobierno de Madrid a las banderas independentistas catalanas, finalmente sin efecto. Un juzgado de Madrid determinó que la exhibición de la estelada en el partido que enfrentaba al Fútbol Club Barcelona y Sevilla Fútbol Club en el Estadio Vicente Calderón no incitaba de por sí a la violencia, el racismo o la xenofobia.

El deporte puede originar un sentimiento de pertenencia común, con el que los aficionados se sienten identificados. El escudo, la equipación, el estadio,… y las banderas simbolizan regiones y naciones. El fútbol adquiere la capacidad de creación de comunidad, al mismo tiempo que con esa diferenciación fomenta los antagonismos locales.

En los años sesenta y setenta de España, la hostilidad hacia el régimen centralista y represor encontraba en el fútbol un medio de expresión y proyección identitaria, entre la que destacaba el caso del Fútbol Club Barcelona. Aún quedan vestigios y el deporte se continua entremezclando con la política, uniendo o dividiendo comunidades.

El deporte puede ser un instrumento de reivindicación del nacionalismo y el Fútbol Club Barcelona es un claro ejemplo. Ya lo decía Manuel Vázquez Montalbán en Fútbol. Una religión en busca de un Dios: el Barcelona es “el ejército desarmado de la catalanidad”.

Anuncios