El fútbol siempre ha necesitado de dioses. Los aficionados acuden a los estadios, como los peregrinos a las iglesias. Los primeros adoran unos escudos y los segundos otros símbolos religiosos, y por encima de todo están los dioses, esos seres supremos considerados hacedores del universo.

Pelé, Maradona, Ronaldo, Messi, Cristiano Ronaldo,… son algunos de los nombres de futbolistas bajo los que se ha propagado la particular “fe del fútbol”. Ya lo decía Manuel Vázquez Montalbán en Fútbol. Una religión en busca de un Dios al apuntar que este deporte estaba en una constante búsqueda de dioses: “Los cielos siempre serán los cielos. Los dioses siempre serán los dioses, y los entrenadores jamás pasarán de la condición de ángeles de la guarda”.

Escudos y cruces; estadios e iglesias; aficionados y peregrinos; cantos religiosos e himnos; un día en común, el domingo; y algo más los caracterizan: la necesidad constante del fútbol y de la religión de escudarse bajo los dioses.

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