Hay personas que consideran el deporte como algo banal, insustancial. Arguyen que poco tiene que ver con la vida y que, en tal caso, sólo sirve para engendrar violencia o fomentar los antagonismos locales y las diferencias entre los individuos. No obstante, el deporte puede ser un factor socializador que contribuya a la unidad de las personas y, por consiguiente, a la cohesión de toda una sociedad.

Sudáfrica estaba dividida. El racismo imperaba en sus calles y el apartheid dominaba el día a día.  Sin embargo, Nelson Mandela fue consciente del enorme poder del deporte, concretamente del rugby en ese país. Y como se puede leer en El factor humano de John Carlin, Mandela descubrió en el deporte la solución a la situación trágica de Sudáfrica: “hasta ahora, el rugby ha sido la aplicación del apartheid en el deporte. Pero ahora las cosas están cambiando. Debemos utilizar el deporte para ayudar a la construcción nacional y promover todas las ideas que creemos que contribuirán a la paz y a la estabilidad en el país”.

La final de la Copa Mundial de Rugby de 1995 se celebró en Sudáfrica. Su selección nacional se alzó con el título y, por primera vez, muchas personas de diferentes razas se fundieron en un abrazo, dejando a un lado su pasado y su color de piel.“El deporte tiene el poder de transformar el mundo. Tiene el poder de inspirar, de unir a la gente como pocas otras cosas… Tiene más capacidad que los gobiernos de derribar las barreras raciales”, había explicado Mandela.

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